Esta nueva conmemoración del Día del Periodista puede ser una buena escusa para hacer un cuadro de situación. A poco más de tres años su inicio, el gobierno de Mauricio Macri vino a restablecer el poder ancestral de las oligarquías, con aires de odio y revancha hacia los sectores populares,

El ejecutivo nacional, mero gerente de los intereses del FMI y de EEUU, lejos de venir a unir a los argentinos como pregonaba, utilizó al llamado “periodismo independiente” para disfrazar la realidad, para embestir contra los sectores populares, para desviar los verdaderos padecimientos y para poder entregar la economía a unos pocos beneficiarios; el sector financiero, el agroexportador, el de energía y ese selecto grupo de amigos que conforman el llamado “capitalismo de country”.

La prensa hegemónica no fue ajena a este proceso sino actora central; en un obsceno cambalache entre mercenarios de medios, periodistas tarifados, servicios de inteligencia y justicia a la carta desmantelaron todo el sistema de previsión social, desplazaron a jueces incómodos, nombraron a acólitos, apretaron, persiguieron y presionaron a dirigentes gremiales, sociales y políticos que enfrentaban esta política de exterminio. Los protagonistas de los grandes medios transformaron a la sociedad en una suerte de “Gran Hermano” en donde todos somos vigilados y escuchados, en donde luego a través de un primitivo armado se reconstruyen diálogos como prueba para terminar en la cárcel. Mientras con la bicicleta financiera transfieren impunemente millones de dólares por minuto a paraísos fiscales, mientras se fugan un préstamo entero del FMI, mientras vacían el ANSES, bajan las jubilaciones y salarios, quitan pensiones, en extraordinarias puestas en escena capturan toneladas de marihuana luego devoradas por ratas hambrientas, detienen a temibles terroristas internacionales que terminan siendo actores de teatro o simples ciudadanos con el delito de portación de apellido, desbaratan al “Clan Gitano” responsable de un magnicidio que a las pocas horas termina siendo una consecuencia trágica de noches de alcohol y drogas. Para montar esta escenografía existe ese llamado “periodismo independiente”. En instantes todo se olvida, y si la cosa se complica, desempolvan la “causa Nisman”.

Mientras transcurre este atropello de saqueo organizado, hay otra historia, la verdadera historia. Más de 3.000 periodistas fueron despedidos, desmantelaron los medios y las agencias públicas para transformar a esa corporación en la única proveedora de contenidos, cerraron cientos de medios, a otros los ahogaron económicamente para cambiar líneas editoriales. Censuraron. La gran mayoría de los periodistas quedan al margen de esta fiesta organizada por el poder económico y se confunden con los miles y miles de argentinos que a diario pierden sus empleos, que deben pucherear el mango de cada día, que deben cambiar de oficio para garantizar, al menos, un plato de comida una vez al día para su familia.

Por todo esto no hay nada que festejar. Hoy es tiempo de resistencia y de organización para recuperar un presente que merezca ser vivido.